Dic 04 2007
Sobre “mala” escritura y posmodernidad
Si la modernidad permite la historia de la ilegibilidad y sus “malos escritores”, continuando en esta linea de especificidades, se podria decir que la postmodernidad, con Lyotard en cabeza, convocaria a “postmodernos malos escritores”.
Dejo la pregunta abierta para desmembrarla más.
Ena Mercedes
Gracias por la pregunta, Ena, tu observación abre un vía de discusión muy interesante, en la medida en que se presta (para seguir con tu frase) a desmembramientos esclarecedores. En cuanto a la relación entre ilegibilidad/”mala” escritura y posmodernidad, en principio te diría que en mi planteamiento teórico evito deliberadamente la mención de posmodernismo/posmodernidad, aun siendo consciente de que algunos de los fenómenos que analizo podrían muy bien entrar, conceptual o cronológicamente, en el campo de operaciones delimitado por esos términos. Ello por varias razones: en primer lugar, porque aun cuando mi estudio considera en parte la literatura contemporánea (de las dos o tres últimas décadas, digamos) y por tanto podría prestarse a análisis concordantes con lo que numerosos críticos consideran la época de eclosión de una cultura “posmoderna”, estimo que el fenómeno de la ilegibilidad y la “mala” escritura antecede los avatares “post” de la modernidad –i.e. es un fenómeno históricamente ligado a la modernidad y aun intrínseco a ella (lo que naturalmente no es óbice para que se den variantes “post”).
En segundo lugar, los términos posmodernidad/posmodernismo tienen el inconveniente de la imprecisión –hasta cierto punto es un cáncer que afecta a todo concepto, pero que se agrava fatalmente en los casos de sobreexplotación teórica, cuando se trata de conceptos tan manoseados, tan traídos y llevados que ya no se sabe muy bien lo que significan. Así “posmoderno” quiere decir cosas muy distintas (y aun opuestas) tal y como suele usarse en el discurso literario, cultural y filosófico (para no hablar del discurso periodístico) en España, en Latinoamérica, o en los EE.UU., por ejemplo.
Personalmente encuentro más satisfactorias las elaboraciones teóricas del término en el campo de la filosofía (Vattimo, Lyotard) que sus aplicaciones a los estudios literarios (Hassan, Hutcheon), que pecan de una tendencia a obliterar fenómenos que ya se dan en la modernidad o en el “modernism” y a reetiquetarlos con el marbete más sexy o lustroso (en su momento) del “postmodernism”. Por lo demás, el uso del término en los estudios literarios hispánicos es doblemente problemático, pues al margen de que ya existe en nuestro acervo crítico un significado históricamente muy específico para el término “posmodernismo”, en la tradición hispánica se daría la paradójica circunstancia de que el primer escritor “posmoderno” propiamente dicho (en una de las acepciones menos elusivas del término), Borges –cuyo impacto en las teorías francesas de la posmodernidad sería difícil exagerar–, sería ANTERIOR a toda una brillante generación de escritores modernos: Cortázar, García Márquez, Fuentes, Vargas Llosa, etc. –escritores que, puestos a importar taxonomías, encajarían formalmente dentro de lo que la crítica anglosajona denomina “modernism” y que ideológicamente continúan sin demasiados altibajos los relatos matrices de la modernidad –revolución, originalidad artística, etc.
En fin, para resumir y no eternizarme en la respuesta, muchos de los fenómenos que yo aglutino provisionalmente bajo el término “modernidad B” admitirían sin problema, trasladados a otro marco teórico, la caracterización de “posmodernos” –e inversamente, rasgos del discurso teórico posmoderno como la fragmentariedad y la aversión a la claridad expositiva entrarían dentro del campo de estudio de una historia de la ilegibilidad moderna, i.e. de lo que yo llamo “modernidad B”: Derrida o Virilio no son más opacos o “ilegibles” que Kierkegaard o Hegel, se diría que en términos de estilo, al menos, forman parte de una misma tradición. Así, para poner otro ejemplo, lo que a partir del análisis que hace Thomas Kuhn de los cambios de paradigma y las revoluciones del saber científico, Lyotard llama “búsqueda de la paralogía” como rasgo del saber posmoderno es una cualidad que podría muy bien predicarse de las “malas” escrituras que examino (en particular en sus versiones más radicales: Macedonio, O. Lamborghini, Perlongher). Ahora bien, ¿por qué esa cualidad habría de ser exclusiva del saber posmoderno? ¿no se contradice en parte Lyotard cuando atribuye el rasgo revolucionario de una “jugada que altera las reglas del juego” a un saber que habría abandonado el gran relato moderno de la revolución? ¿el cambio revolucionario de paradigma no estaría inscrito en el código genético de la modernidad, como un virus en estado latente susceptible de activarse y proliferar, dadas las condiciones adecuadas, tanto por la vertiente del saber científico como por la de la creación artística?
En fin –segundo “en fin”, para evitar la descortesía de concluir mi respuesta a tu pregunta con una cascada de nuevas preguntas– te propondría un resumen alternativo: el principal problema que yo le veo a la noción de posmodernidad es la fuerte connotación heterocrónica de un término que (contradiciendo sus propios presupuestos teóricos) sugiere una idea de corte o parteaguas en relación con un sistema anterior (modernidad). Pese a los caveats y lógicas precauciones en este sentido de los teorizadores y críticos que adoptan o ponen en juego el término, la potencialidad de confusión me parece implícita en la estructura connotativa del término. Por lo demás, buena parte de lo que se analiza bajo la noción de posmodernidad me parece perfectamente válido (y en muchos casos pertinente para el estudio de la ilegibilidad y las “malas” escrituras) si se le añade el matiz de que no necesariamente sería algo que ocurriría DESPUÉS de la modernidad sino más bien DURANTE ella, como una suerte de para-modernidad o sistema vectorial centrífugo inherente al sistema de la modernidad –en otras palabras, “posmoderno” sería todo aquello que, aun tendiendo a su desmantelación, estaría DENTRO, NO FUERA de la modernidad.
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