citas
La exactitud es una forma de la probidad literaria y debe extenderse a los más nimios pormenores, pues ¿cómo ha de tener autoridad en lo grande el que se muestra olvidadizo y negligente en lo pequeño? Nadie es responsable de las equivocaciones involuntarias; pero no merece nombre de escritor formal quien deja subsistir a sabiendas un yerro, por leve que parezca.
Marcelino Menéndez y Pelayo, Historia de los heterodoxos españoles (1880)
(El Zapallo me ha permitido que para vosotros –queridos cofrades de la Zapallería– yo escriba mal y pobre su leyenda y su historia . . .)
Macedonio Fernández, “El zapallo que se hizo cosmos” (1944)
Yo me arriesgo a publicar esto aunque mañana piense que está mal, y mañana no negaré lo que era el día anterior para que sepan el proceso de mi pensamiento . . . . Yo quiero rellenar bien mi equivocación.
Felisberto Hernández, “Diario de pocos días” (1929)
La gramática se parece mucho al boxeo. Yo se lo explicaré. Cuando un señor sin condiciones estudia boxeo, lo único que hace es repetir los golpes que le enseña el profesor. Cuando otro señor estudia boxeo, y tiene condiciones y hace una pelea magnífica, los críticos del pugilismo exclaman: ‘¡Ese hombre saca golpes de todos los ángulos!’ Es decir, que, como es inteligente, se le escapa por una tangente a la escolástica gramatical del boxeo. De más está decir que éste que se escapa de la gramática del boxeo, con sus golpes de ‘todos los ángulos’, le rompe el alma al otro… Los pueblos que, como el nuestro, están en una continua evolución, sacan palabras de todos los ángulos, palabras que indignan a los profesores, como lo indigna a un profesor de boxeo europeo el hecho inconcebible de que un muchacho que boxea mal le rompa el alma a un alumno suyo que, técnicamente, es un perfecto pugilista.
Roberto Arlt, “El idioma de los argentinos” (1930)
El sujeto es casi gramatical y así lo anuncio para aviso de aquellos lectores que han censurado (con intención de amistad) mis gramatiquerías y que solicitan de mí una obra humana. Yo podría contestar que lo más humano (esto es, lo menos mineral, vegetal, animal y aun angelical) es precisamente la gramática…
Jorge Luis Borges, “El idioma de los argentinos” (1928)
. . . escribidme unas líneas diciéndome que aunque vosotros sois de leer mi letra no es un escribir y que otra vez derrame el tintero legiblemente, como todo el mundo consigue hacerlo . . . . envidio toda habilidad y quisiera lograr la de contener la tinta dentro de contornos bien enseñados a ser leídos.
Macedonio Fernández, “Carta a Martín Fierro” (ca. 1925)
¿Por ahí estás, Venus de Milo?
Tú manqueas apenas pululando
entrañada en los brazos plenarios
de la existencia,
de esta existencia que todaviiza
perenne imperfección . . . .
¡Ceded al nuevo impar
potente de orfandad!
César Vallejo, Trilce (1922)
He refuses to be alone. He is the man of the crowd. It will be in vain to follow; for I shall learn no more of him, nor of his deeds. The worst heart of the world is a grosser book than the ‘Hortulus Animae,’ and perhaps it is but one of the great mercies of God that ‘er lasst [sic] sich nicht lesen.’
Edgar Allan Poe, “The Man of the Crowd” (1850)
Una revolución continua en la producción, una incesante conmoción de todas las condiciones sociales, una inquietud, un movimiento constantes distinguen la época burguesa de todas las anteriores. Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos, quedan rotas; las nuevas se hacen añejas antes de haber podido osificarse. Todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado es profanado, y los hombres al fin se ven forzados a considear serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas.
Marx y Engels, “Manifiesto comunista” (1848)
Afrontado a los lenguajes entrecruzados de América –a los códigos del saber precolombino–, el español –los códigos de la cultura europea—se encontró duplicado, reflejado en otras organizaciones, en otros discursos. Aún después de anularlos, de someterlos, de ellos supervivieron ciertos elementos que el lenguaje español hizo coincidir con los correspondientes a él: el proceso de sinonimización, normal en todos los idiomas, se vio acelerado ante la necesidad de uniformar, al nivel de la cadena significante, la vastedad disparatada de los nombres. El barroco . . . irrisión de toda funcionalidad, de toda sobriedad, es también la solución a esa saturación verbal . . . , a la abundancia de lo nombrante en relación con lo nombrado . . . al desbordamiento de las palabras sobre las cosas.
Severo Sarduy, “El barroco y el neobarroco” (1972)
. . . lo malo es más fecundo que lo bueno, porque lo bueno suele producir una insatisfacción que inmoviliza, mientras que lo malo genera una inquietud con la que se renueva la acción.
César Aira, Cumpleaños (2001)
Ele não come, mas tem vergonha de dizer isto; e sobretudo, não sabe de onde vem esta fome. Sabemos nós –que fizemos estes filmes feios e tristes, estes filmes gritados e desesperados onde nem sempre a razão falou mais alto . . .
Glauber Rocha, “Uma estética da fome” (1965)
Suspendida la libertad de palabra, el hablante individual, que siempre es a la par colectivo, debe elegir entre el silencio y la cháchara.
Enrique Lihn, El arte de la palabra (1980)
. . . todo va bien, hasta que llegan los lectores. Porque, cuando ellos llegan, entonces: entonces. Entonces todo iba bien. A eso se llega cuando los lectores llegan. Primero publicar, luego escribir (única manera de Evitar lectores).
Osvaldo Lamborghini, Las hijas de Hegel (1982)
Escribo pues, metafóricamente, sobre un problema cultural que puede formularse así: nuestra habladuría, la disociación del lenguaje y la razón, el enmascaramiento verbal, el hecho de que exista, entre nosotros, un Arte de la Palabra, retoricismo consagrado a disociar la palabra de los hechos y de las cosas y a convencernos de que lo negro es blanco y viceversa, a través de profusos discursos ornamentales; el vacío o la insuficiencia de nuestra realidad en contraposición a la pomposidad con que la inventariamos en el lenguaje, deformándola para construirla en una plenitud, es claro, meramente verbal. Todos estos vicios . . . no son sólo literarios . . .
Enrique Lihn, Derechos de autor (1981)
El único lenguaje comprensible que hablamos entre nosotros es el que nuestros objetos hablan entre sí. Ya no comprendemos un lenguaje humano, éste ha perdido su efecto; por una parte es visto como ruego, como súplica, como humillación, y es por tanto pronunciado con vergüenza . . . ; por la otra es tomado y rechazado como impudicia o desvergüenza, como burla o locura. Hasta tal punto nos hallamos el uno con el otro recíprocamente enajenados del ser humano, que el lenguaje inmediato de este ser aparece como una ofensa o atentado a la dignidad humana mientras, en cambio, el lenguaje alienado de los valores objetivos o materiales nos parece una dignidad humana justificada que tiene confianza en sí misma y se reconoce a sí misma.
Karl Marx, “Extractos de lecturas.” Escritos de juventud (ca. 1840)
Trad. Wenceslao Roces. México: FCE, 1982.
La suya es una mala escritura, una escritura perversa. El estilo de Arlt es el Stavroguin de la literatura argentina . . . Es un estilo criminal. Hace lo que no se debe, lo que está mal, destruye todo lo que durante cincuenta años se había entendido por escribir bien en esta descolorida república . . . Arlt escribe contra la idea de estilo literario, o sea, contra lo que nos enseñaron que debía entenderse por escribir bien, esto es, escribir pulcro, prolijito, sin gerundios ¿no? sin palabras repetidas.
Ricardo Piglia, “Respiración artificial” (1980)
¡Sean brechtianas!
Severo Sarduy, Cobra (1972)
