Imprimir página

ilegibilidad en Latinoamérica

Si el análisis de la ilegibilidad nos permite discernir una modernidad escindida y una cierta dialéctica entre fuerzas centrípetas y centrífugas -una modernidad doble, en conflicto consigo misma-, se diría que esa escisión y esa dialéctica se experimentan con especial intensidad en las regiones del globo ubicadas en un margen de la cultura occidental -regiones que como Latinoamérica se formaron y desarrollaron, por así decir, al filo de la modernidad, en un borde entre la modernidad y sus otros: en una frontera en que los vectores de sentido irradiados por sus agentes centrales han tendido históricamente a borronearse, a perder nitidez, coherencia y pertinencia. La modernidad, en sus márgenes, deviene borrosa.

 

un desarrollo específico

En un ensayo seminal de 1932 , “El escritor argentino y la tradición”, Jorge Luis Borges ve la ex-centricidad como locus de una singular productividad cultural y sugiere que Latinoamérica, en su marginalidad dentro de la tradición occidental, está llamada a desempeñar un papel clave de renovación cultural, análogo al de otras tradiciones europeas más o menos laterales como la judía o la irlandesa. Retomando esta idea, yo sugeriría que la cuestión de la ilegibilidad y la modernidad ha tenido un desarrollo específico en Latinoamérica, y que las teorías y prácticas latinoamericanas de “mala” escritura que propongo estudiar describen un vector de ilegibilidad que está íntimamente ligado a una ex-centricidad cultural, en muchos casos como fuente de disensión post-colonial, resistencia y dis-locación de versiones hegemónicas de la modernidad promovidas desde los centros metropolitanos.

 

al comienzo: Bello vs. Sarmiento

Andrés Bello (1781-1865)Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888)En este sentido, podemos ver la famosa polémica lingüística entre Andrés Bello y Domingo Sarmiento, uno de los debates fundacionales de la cultura hispanoamericana del siglo XIX, determinante durante décadas en la definición de lo que Ángel Rama llamara “ciudad letrada”, como manifestación temprana de esta dialéctica, donde se entrelazan íntimamente la cuestión de la ilegibilidad, la escritura “(im)propia” y la modernidad ex-céntrica. En contraste con la defensa de Bello de un uso clásico y académico del español, la reivindicación romántica de Sarmiento de las versiones americanas del español -un español anti-académico e “impropio” que reflejaría las idiosincrasias e identidades nacionales de las nuevas repúblicas hispanoamericanas- puede considerarse la primera en un larga línea de vindicaciones latinoamericanas de lenguas “impropias” y escrituras “malas”, formulada desde la perspectiva de una ex-centricidad cultural y una experiencia post-colonial y particularmente inestable de la modernidad. Por lo demás, Sarmiento practica una forma nomádica y trans-genérica de literatura -una literatura in Bewegung, para tomar prestada la expresión de Ottmar Ette- que en cierto modo prefigura los estilos de escritura híbrida y trans-disciplinaria de muchos autores latinoamericanos del siglo XX que son objeto de este estudio. Si emulando a Borges hiciéramos una lectura de los precursores de Macedonio, Girondo o Aira, Sarmiento sería un insoslayable “precursor” no sólo por su defensa del español vernáculo y anti-académico sino por el caracter heterogéneo, de monstruo trans-genérico de su obra capital, el Facundo. Remontándonos más atrás en el tiempo, cabría sugerir que la primera obra que inscribe la ilegibilidad de una “mala” escritura en el archivo cultural hispánico, justamente por operar en una ambigua frontera entre lenguas -como productivamente lo harán en el siglo XX artífices de “malas” escrituras como Arlt, Perlongher o Arguedas-, sería la Nueva Corónica e mal gobierno de Guamán Poma de Ayala, obra que desde el título, y al igual que sus descendientes modernos, asocia una “mala” escritura a un margen de disensión política.

 

la diglosia cultural latinoamericana

De hecho, ese espacio americano “entre lenguas” es crucial para la emergencia de las “malas” escrituras. Históricamente es decisivo que en Latinoamérica se haya producido una suerte de diglosia cultural: un solapamiento conflictivo de códigos lingüísticos europeos, amerindios y afroamericanos que problematiza la idea de “propiedad” de una lengua, y que mina la entereza de las lenguas hegemónicas aun mucho después de su implantación colonial. Cuál o cuáles sean las lenguas “propias” de Latinoamérica -¿español, portugués, francés, quechua, aymara, maya-quiché, portuñol, spanglish?- es una cuestión que recorre la historia antigua y reciente del hemisferio americano, y que otorga una inflexión específica a lo que podríamos llamar el “modo latinoamericano” de la modernidad: un modo heteroglósico, singularmente disonante. Esa diglosia o duplicación de códigos favorece la emergencia de una ilegibilidad en la literatura y en las prácticas culturales que sería reflejo de -y reflexión sobre- una cierta ilegibilidad sociopolítica.